“ACT en padres: un mundo de posibilidades”. Entrevista a Ángel Alonso (parte 2)

Por MICPSY

30 abril 2020

Os dejamos la segunda parte de la entrevista realizada a uno de los fundadores de MICPSY, el profesor Ángel Alonso, a cargo de Raymundo Fernández de Divulgación Psicológica. En ésta se continúa explorando la aplicación de ACT al ámbito de la infancia, un modelo que está abriendo multitud de puertas hasta ahora herméticamente cerradas, y que está mostrando resultados realmente prometedores. Entre los diversos temas que se tocan, la aplicación de ACT en padres toma el mayor protagonismo; y más específicamente, el papel de éstos en la intervención con sus hijos, el trabajo con sus barreras emocionales y la clarificación de valores como eje central. Durante la entrevista también se recogen muchas recomendaciones que, para cualquier profesional que trabaje en el ámbito de la infancia, pueden resultar muy esclarecedoras.

Una de las cuestiones que se comenta que las terapias contextuales han incluido herramientas o filosofías que no son propias de la tradición conductual. Al hacer ACT con niños, ¿se pueden integrar elementos o herramientas que no son específicos de ACT al trabajo terapéutico?

Tendríamos que ver qué elementos. ACT ha sufrido una revolución en los últimos años, y en la literatura se ha hablado de ACT de muchas formas, como pasa con cualquier temática que está en expansión. Por ejemplo, en el hexaflex, una de las maneras más extendidas de explicar el foco y los componentes de la terapia, se incluyen muchos términos medios, como Mindfulness o aceptación… y aunque su uso puede ser de ayuda a los clínicos sin una tradición en análisis de la conducta, en realidad no refleja un análisis preciso de los procesos de cambio de ACT. Si queremos hacer un análisis preciso, tenemos que adentrarnos en la Teoría del Marco Relacional (TMR), y hacer un análisis de esos procesos en términos de la transformación de funciones que se produce. Por tanto, ahora podemos ser mucho más precisos al hablar de ACT.

ACT es la única terapia contextual con un compromiso explícito con sus bases, no sólo con las bases a nivel filosófico, ya que ACT nace desde una visión conductista radical, o contextualista funcional, sino que también está estrechamente conectada a las leyes de contingencias y las leyes sobre lenguaje y cognición, investigadas desde la TMR. Eso nos permite hablar de los procesos de la terapia en términos mucho más básicos. Lo que pasa es lo que comentaba anteriormente, que en los libros se habla generalmente en términos medios, no técnicos, porque tienes que mostrar el modelo a profesionales sin bagaje en el análisis de la conducta. Aunque, en mi opinión, va a ser difícil que puedas aplicar ACT de una forma precisa y eficaz, con adultos o niños, sin un recorrido en Análisis de Conducta y en TMR. No tienes que ser un completo experto, ni por supuesto investigador, pero sí tener un cierto bagaje.

Eso es algo que se ha estado presentando continuamente…estos elementos en común que tiene ACT con otras tradiciones filosóficas distintas han hecho que se consideren hasta cierto punto muy parecidas, ha producido que otras personas sin ese bagaje se incursionen en ACT. No es algo malo persé, pero sí hace falta este bagaje en Análisis de Conducta para hacer una práctica efectiva, ¿no?

En mi caso particular he tenido la tremenda suerte de formarme con Carmen Luciano, que siempre ha abanderado la precisión en ACT en todas las áreas: investigación, docencia y clínica, promoviendo siempre la conexión entre investigación básica y la vertiente aplicada. Así que, volviendo a la pregunta… ¿Puede hacer alguien ACT si no tiene bagaje en Análisis de Conducta y TMR? Puede, pero probablemente tenga más problemas… estará más perdido. Va a hacer movimientos clínicos, pero no sabe bien por qué es pertinente hacerlos; o si produce cambio clínico, no sabe por qué se está produciendo ese cambio, o dicho de otra forma, el proceso que puede explicar ese cambio clínico. Por tanto, vas a ser mucho más creativo generando procedimientos si tienes ese bagaje.

Antes me preguntabas qué elementos no específicamente de ACT se pueden aplicar en la terapia con niños: te diría que todo lo que tú consideres que puede ser útil para generar flexibilidad psicológica. No por meter elementos per sé, sino haciendo un análisis funcional de esos elementos. Por ejemplo, si un niño no es fluido en toma de perspectiva, si tienes un mayor bagaje en las leyes que operan en el lenguaje, vas a saber entrenar o potenciar ese repertorio , y luego utilizarlo para producir cambios a otros niveles. . Por tanto, vas a ser más ingeniero, más creativo a la hora de construir los procedimientos y, por supuesto, mucho más preciso. De la otra forma, vas a ser más técnico que ingeniero. En ese sentido, aquí, en los másteres y formaciones de larga duración de MICPSY, hacemos ese recorrido: desde las bases del contextualismo funcional o conductismo radical, pasando por las leyes de contingencias y lenguaje, hasta luego las aplicaciones prácticas, para que todo tenga sentido y que se vea que cada una de las cuestiones que vamos a hacer están fundamentadas en las bases.

Esto es como la metáfora de la persona que sabe conducir el auto, pero que, cuando se le descompone el auto, si tiene conocimientos en cómo funciona el auto, probablemente pueda resolver el problema. Esto se me hace un poco paradójico, en el sentido de que se ha querido lograr tener tratamientos más ideográficos, pero luego las personas están siguiendo protocolos. Es un poco paradójico lo que se pretende hacer…

Una de las características de la conducta es su extrema variabilidad, así que no te “cargues” esa variabilidad utilizando protocolos cerrados. Es decir, tienes que ser ingeniero… cuando tú aplicas protocolos de ACT, tienes que saber flexibilizar al máximo el protocolo para adaptarlo a cada persona, ya sea adulto o niño, en cualquier ámbito. Tienes que saber analizar las interacciones que se producen, en términos de qué funciones antecedentes y consecuentes puede cumplir la conducta del terapeuta.

Regresando al tema de ACT con niños, antes mencionabas el trabajo de barreras con los padres. En este quehacer terapéutico, ¿cuál es el papel de los padres o en qué consiste su participación en este tipo de abordaje terapéutico?

Los padres van a ser claves desde un inicio, especialmente en niños pequeños. Van a situar la demanda, y van a trasladarnos lo que está pasando, las dificultades que están teniendo, y, básicamente, de ahí habrá que partir. En función de la casuística que nos llegue, el papel de los padres va a ser uno u otro. Por tanto, siempre vamos a tener que hacer un Análisis Funcional del problema, las variables que lo mantienen, y, de alguna manera, cuál está siendo el papel de los padres. Como decía Sidney Bijou, la conducta de los niños está íntimamente relacionada con la conducta de los padres. No quiere decir esto que los padres sean totalmente responsables de la conducta de los niños, pero, sin duda, van a estar influyendo claramente en ella, por lo que van a ser una de las piezas claves a tener en cuenta.

Esto es un poco lo que mencionabas: no siempre son culpables, pero a sí tienen cierta implicación en las contingencias que mantienen las conductas de los niños, aunque sea una cuestión bien intencionada, ¿no? Lo que decías que a veces es el temor a decirles que no, el temor a que sufran estas emociones que consideramos aversivas… y en ocasiones esa buena intención —que los padres pueden tener acerca de los eventos privados o del mundo interno de los niños—hace también que se vayan dando este tipo de contingencias que mantienen precisamente la conducta, ¿no?

Exactamente. Muchas veces el propio patrón limitante o inflexible de los padres va a estar íntimamente conectado con los problemas que se están generando en el niño. Es decir, si un padre tiene muchísimo miedo a negar algo a su hijo por si éste va a montarle una rabieta, obviamente va a estar reforzando un patrón en su hijo que luego va a estar limitándolo en muchos contextos. Como ya comentábamos antes, cuando hablas con los padres en la evaluación te das cuenta que saben muchas de las cosas que no deben hacer, pero ahí es cuando salen las barreas emocionales, cuando dicen “ya, pero es que me da mucho miedo”. Aquí va a ser clave introducir los componentes para generar flexibilidad psicológica. No vas a decir a los padres lo que tienen que hacer, porque eso hemos visto que no funciona: no sirve dar simplemente instrucciones. 

Lo que vas a hacer desde ACT, como suele apuntar Carmen Luciano, es hacer pequeños terremotos con los padres. Vas a hacer que puedan discriminar cómo su conducta está influyendo en la conducta problemática de su hijo y qué puede pasar si continúan así. Un posible movimiento, de forma resumida, sería algo como: “me estás contando que cuando pasa esto con tu hijo, sientes ese miedo, tú reaccionas de esta manera y que se están dando estos problemas. ¿Qué te dice eso a ti como madre o padre? Es decir, parece como que viene el miedo, el miedo te pide que no digas nada a tu hijo, y cada vez que obedeces al miedo, se pierde una oportunidad para que tu hijo vaya en una dirección que tú quieres. Cuando tú notas eso en ti, ¿estás siendo el padre que te gustaría ser?, ¿estás teniendo ese rol de padre?”. En definitiva, vas a tener que ir a tocar la fibra de valor, la fibra de corazón de los padres: “¿qué tipo de hijo quieres tener y qué tipo de relación quieres tener con tu  hijo?”, “¿Qué quieres fomentar en él? Cuando tenga veinte años, ¿cómo quieres que sea, una persona que cuando tenga rabia suelte la rabia por todos los lados? Por lo que me estás diciendo, eso es lo que está pasando a día de hoy que tiene cinco añitos. Ahora tiene cinco, pero luego tendrá seis, luego tendrá siete, y luego doce… y los cuerpos con 12 no son los mismos que con cinco… ¿Qué va a pasar cuando desafíe con doce?”. 

Con movimientos del estilo van a empezar a caer, por ellos mismos, en los costes o en las limitaciones  que puede traer su patrón de inflexibilidad en relación a sus miedos, y lo que pueden generar en sus hijos, las limitaciones que eso les puede traer. Cuando llegan a sesión no ven eso, y mediante preguntas, no diciéndoles lo que tienen que hacer, vas a explorar con ellos qué están haciendo y si están funcionando de acuerdo al objetivo que tienen. Por ejemplo, si quieren tener un hijo que sea empático con los demás y están haciendo lo contrario, vas a poner eso en contraste. Por tanto, los cambios van a ser mucho más rápidos utilizando los componentes propios de ACT. Todo este tipo de resistencias que dicen los padres, como “es que no tengo tiempo”, “es que es culpa de la abuela” o cualquier excusa; cuando tocas el corazón de verdad,  empiezan a perder relevancia. Vas a decirles algo como: “si quieres tú y yo empezamos a trabajar para cambiar las cosas, para  construir esa relación que dices, pero igual vas a tener que no obedecer a ciertos miedos o a ciertos mandatos que te da la cabeza. Vamos a ver qué te está funcionando y qué no en términos de las cualidades de tu hijo que quieres fomentar o de la relación que quieres tener con él”. Contrastar su experiencia, lo que está funcionando y lo que no, va a ser uno de los puntos clave. 

Otra de las cuestiones importantes desde ACT es explorar qué tipo de reglas están fomentando en sus hijos: si están fomentando reglas completamente iatrogénicas,  mágicas y/o rígidas sobre cómo funciona el mundo o ellos mismos ya que puede ser muy limitante para el crío. Si por ejemplo le dan reglas como “tú, haz todo lo que quieran los demás y así siempre te tendrán en cuenta”. Así no funciona el mundo, puede que uno haga cosas por los demás y que no vaya de vuelta. Es decir, hay muchas reglas que se dan a los niños y que son nefastas en el sentido de que concuerdan con la realidad. ¿Qué pasa entones cuando eso sucede? Pues que luego los niños se encuentran con un mundo que no funciona cómo “debería” funcionar, y van a hacer algo con eso: a veces pelearse con el mundo, y otras veces con ellos mismos. Así que parte del trabajo también va a ser rastrear qué tipo de reglas o formulaciones están vertiendo a los críos. También otro punto tremendamente importante es que vas a enseñar a los padres a saber qué está bajo su control y qué no, a cuál es su margen de influencia. 

Otro aspecto del trabajo también va a ser enseñar a los padres a aplicar consecuencias naturales, sobre todo a que el niño discrimine  las consecuencias naturales de su propio comportamiento. Por ejemplo, si a los niños se les enseña a hacer las tareas escolares simplemente porque los padres lo dicen, en cuanto los otros no instiguen o no apliquen reforzamiento social, los niños van a dejar de hacer las tareas, porque su conducta únicamente va a estar mediada socialmente… ¡Los estás haciendo dependientes de los demás!. Por tanto,  vas a tener que enseñar  a los padres, y a su vez a enseñar a los niños, a mirar al efecto de su conducta en el mundo. Si, por ejemplo, a un niño que está haciendo los deberes, le haces mucho más saliente el producto natural: “wow, has aprendido esta suma y has hecho este problema, esto es tooodo lo que has aprendido” y lo pones en términos de lo que ha aprendido y no que el adulto esté contento e incluso, el hecho de lo que hayan aprendido lo conectas de esto modo: “esto que has aprendido ¿qué puedes hacer mañana?, ¿puedes  resolver este problema? Fíjate, has aprendido a sumar y restar más rápido, ¿en qué te puede servir eso?”. Entonces la conducta del niño de ponerse a hacer los deberes no va a ser tan dependiente de las contingencias artificiales que aplican los padres, sino que el niño va a empezar a mirar al mundo, va a empezar a ver cuál es el efecto de su propia conducta. Esto ya lo decía Skinner, aunque no sabía analizarlo en los términos que podemos ahora. Así que, en función del caso y de las limitaciones que tengan los padres, vamos a hacer diversos movimientos con ellos, pero van a ser principalmente pautas para enseñar al crío a manejarse mejor por el mundo y a trabajar sin duda con sus propias barreras, emociones y pensamientos,  y con las reglas que están limitándole.

Aquí es donde empezamos a ver principalmente las diferencias de este tipo de abordaje terapéutico basado en la evidencia con algunas otras tradiciones fuera de la psicología conductual en el tratamiento con niños, donde muchas veces el terapeuta se ajusta a las limitaciones que ponen los padres, como no tener tiempo y cuestiones así, casi como si fueran a reparar un coche: “te dejo al niño, arréglamelo, yo regreso en una hora…”.

Sí, la colaboración de los padres es muy importante, y es donde desde otros enfoques quizá se ha fallado más. Pero hay que aclarar que no somos los padres de los padres, ni políticos, somos técnicos, como siempre remarca Carmen Luciano. Por tanto, nuestro papel no va a ser decir a los padres “mire, es que usted no puede hacer eso”, aunque a veces nos dieran ganas de hacerlo. Por ejemplo, si dicen que no tienen tiempo, vas a explorar con ellos si existe algún problema por estar únicamente quince minutos con sus hijos, si ese fuera el caso. Un movimiento posible en este caso sería: “Me dices que en el día a día empiezas a notar que tienes poca influencia en tu hijo, que no sabes lo que está haciendo… ¿esto está suponiendo algún tipo de problema para ti?”. Conviene explorar mediante preguntas qué efecto puede estar teniendo su modo de funcionar. Cuando le muestras el efecto así, están en mejor disposición de discriminar los costes: “Vale, me dices que estás quince minutos con tu hijo al día. No hay ningún problema, no te obliga el gobierno a estar más de quince minutos o a estar cinco horas. Ahora bien, los niños cuando son pequeños están muy influenciados por lo que hagan o dejen de hacer sus padres o por lo que les digan, pero eso en un momento empieza a cambiar, y, lo que hemos visto a través de la investigación es que los padres que han tenido mayor influencia cuando sus hijos eran pequeños, que han sido una fuente de seguridad para ellos, y sobre todo, que han tenido un tipo de relación marcada por el afecto y la coherencia, cuando son mayores, tienen mayor nivel de ascendencia sobre ellos”. Tú les puedes decir, como técnico, cómo funcionan las cosas, y que luego ellos elijan. En este caso dirías algo como “¿qué va a pasar con 15 años cuando lo que digan sus compañeros sea mucho más impactante que lo que digas tú, si has tenido una relación en la que has tenido quince minutos al día, o una relación en la que has estado ahí para él, incluso más allá del tiempo, él te ha notado ahí. ¿Va a haber diferencia entre una cosa y otra?”.

En definitiva, hay muchos movimientos que puedes hacer con los padres, pero a través de este tipo de interacciones van a empezar a discriminar el coste por ellos mismos y a elegir en consecuencia. Eso no significa que siempre tengamos un margen de cambio con los padres del 100%, ¡para nada! Lo que hagan o dejen de hacer es una elección de los padres, no podemos elegir por ellos. Nuestro papel es ayudarles a ver qué puede estar pasando con su hijo, explorar qué quieren cultivar en la interacción con él y entrenarles la habilidad para hacerlo en la medida de sus posibilidades. Ahora bien, generalmente, cuando les ayudas a discriminar los costes de su conducta, tocas valor, sale a la palestra que ellos no quieren ser un padre o madre que, siguiendo el ejemplo de antes, sólo está quince minutos con su hijo al día. Entonces, de repente, todas esas excusas que antes se ponían ejercen menos control en ellos, y cambian su comportamiento. Y, donde no había tiempo, empieza haber tiempo… curiosamente. Ese es nuestro papel como técnicos. Pero hay casos en los que toman otros derroteros, y no podemos hacer nada, pero es que además, como decía, no es nuestro papel marcar la conducta de los padres. No es nuestro rol, o al menos, desde mi humilde opinión, no lo considero así.

«Lo que hagan o dejen de hacer es una elección de los padres, no podemos elegir por ellos. Nuestro papel es ayudarles a ver qué puede estar pasando con su hijo, explorar qué quieren cultivar en la interacción con él y entrenarles la habilidad para hacerlo»

Ángel Alonso impartiendo formación en MICPSY

Vale, hablando precisamente de eso, ¿cuáles serían esas situaciones donde nos podemos encontrar una mayor dificultad a la hora de trabajar con los padres?, ¿cuál serían esas situaciones que se pueden dar en el trabajo terapéutico que dificulta el abordaje o la cooperación con los padres?

Bueno, sin duda hay padres que vienen a consulta con sistemas de reglas muy rígidas, de lo que le pasa al niño, de por qué le pasa eso, de que lo que tiene es un problema biológico, que el niño hace lo que hace porque ya lo hacía el abuelo en su momento… En definitiva, reglas muy mágicas de cómo funciona el comportamiento de sus hijos.

«Los sistemas mecanicistas y biologicistas se «venden mejor” porque eximen de responsabilidad a los padres, a los profesionales y también al resto de adultos del entorno del niño»

O creen que hacen lo que hacen porque tienen cierta condición médica y eso hace que no administren ciertas contingencias adecuadas también.

Exactamente… los niños nos suelen llegar a consulta con ciertos diagnósticos, con ciertos “apellidos” cargados de funciones, de significado. Además, este modo de mirar a los problemas, anclado en un modelo biomédico, suele ser coherente con los sistemas de creencias de los padres y, lo más importante, les exime de toda responsabilidad. Es decir, si mi hijo es “hiperactivo”, mi margen de control es mínimo. Por tanto, los sistemas mecanicistas y biologicistas se “venden mejor”, porque eximen de responsabilidad a los padres,  a los profesionales, y también al resto de adultos del entorno del niño. Cuando los padres vienen con reglas muy mágicas de lo que le pasa al niño, de por qué le pasa, etc; no vamos a entrar a discutir o a convencerles de nuestra posición, porque lo único que generaríamos, en la mayor parte de las ocasiones, es el efecto contrario, además de enfados y frustraciones. El sistema de coherencia quizá vaya modificándose — o mejor dicho, ampliándose, añadiendo reglas más efectivas— en función de lo que vayan haciendo, más que al contrario. Por tanto, lo que podrías decir es algo como “más allá de que tenga cierto gen o no, no nos vamos a meter ahí. Quizá podemos centrarnos en qué podemos hacer, ya que el gen no se lo vamos a cambiar nosotros, o no se lo vas a poder cambiar tú… así que vamos a ver lo que tú y yo podemos cambiar para que tu hijo mejore”.

Otra de las dificultades es que hay separar lo moral de nuestro trabajo. A veces podemos estar tentados a imponer nuestros propios principios o valores en el trabajo con los padres, pero sería un error de primer orden. El rol del terapeuta va a ser simplemente cuestionarles hacia dónde les puede llevar su comportamiento y el efecto que puede tener en su hijo en función de lo que sabemos. Por ejemplo, si nos preguntan sobre la medicación, vamos a contarles cuáles son las limitaciones de la medicación: qué hace y qué no hace, y cuáles son los efectos secundarios. Además vamos a comentarles que lo que se ve en los estudios es que no es necesaria, que podemos influir en el comportamiento de su hijo de otras muchas maneras. En definitiva, sea la decisión que sea, vas a plantearle diferentes tesituras y posibles desenlaces, y que luego tomen el camino que ellos consideren.

Para ir concluyendo esta excelente entrevista donde hemos podido conocer la aplicación de ACT en niños, ¿alguna recomendación que nos quieras decir a todo el público de Divulgación psicológica? Tanto a profesionales, estudiantes…

Simplemente remarcar, para quien considere que éste puede ser un ámbito interesante para trabajar, que hacer ACT con niños, desde mi perspectiva y desde mi bagaje, es absolutamente creativo y muy divertido. Aún queda margen de mejora en los procedimientos, pero cada día sabemos mucho más. Es lo bueno de la constante conexión con la investigación. De hecho, este año saldrá un libro de ACT editado por nosotros, centrado en el trabajo con niños y adolescentes. Y al terapeuta que quiera adentrarse en ACT: que si quiere trabajar con niños desde ACT, tiene que aprender a jugar, a divertirse, a meterse en el mundo de los niños, empaparse de sus dibujos animados… Esto va a facilitar sobremanera ponerse en su perspectiva y poder hacer ese trabajo. En muchas ocasiones, en las supervisiones que hago con alumnos, les digo “esta semana no leas nada de literatura técnica, ponte a ver dibujos animados o ponte a leer comics…”. Además les digo que practiquen tonos, que sepan contar historias, y otras estrategias que amplíen su repertorio.

En definitiva, hay que saber “enganchar” a los niños. Aunque también con los adultos tienes que tener cierto feeling, a los niños tienes que ganártelos desde el primer minuto: tienes que enseñarles cosas, tienes que ser divertido, tienes que jugar con ellos. A veces suelo definir al terapeuta ACT infantil como una especie de entrenador de habilidades que les sean útiles a los niños. Además, es muy importante que le demos sentido cuanto antes a ir a sesión, porque los niños son tremendamente sinceros en eso. Si en la segunda sesión no has generado ese contexto, le van a decir a su madre “no quiero ir más”, e igual el trabajo finaliza ahí.

Otra cuestión que siempre recomiendo es formarse bien, es tener una buena base en Análisis de Conducta y en TMR. De hecho, en todas las formaciones de MICPSY tenemos el mismo foco: que los alumnos tengan una buena base, se formen bien, ya que luego van a ser mucho más creativos utilizando los procedimientos. Como decíamos antes, si quieres ser buen ingeniero de la conducta, tienes que saber el porqué de las cosas, y eso te va a ayudar a jugar con los componentes o ingredientes de la terapia para ser lo más efectivo posible. Y ya, por último, señalar que, si uno tiene la oportunidad, trabaje en equipo. Cuando tienes la perspectiva de otros profesionales… vas a aprender el doble. El poder aprender unos de otros, que es lo que no dejamos de hacer aquí, en MICPSY: tanto con el transvase de la investigación a la clínica, y de la clínica a la investigación, como el compartir y discutir las experiencias de los casos… es tremendamente rico a la hora de hacer terapia.

Bueno, Ángel, una entrevista muy interesante de la que, sin duda, muchos vamos a poder sacar mucho provecho, además de animarnos a tener este repertorio conductual o de habilidades, no tan sólo los académicos o teóricos, sino aquellos que pueden ayudar a hacer atractivo, apetitivo, e interesante el trabajo terapéutico con los niños. Te agradezco que hayas dedicado este tiempo, que nos hayas podido regalar esta entrevista, y, sobre todo, compartir aquello que haces, pudiéndolo conocer de primera mano… Espero que no sea la última.

Gracias a vosotros. El placer es mío.

Si tienes interés en formarte en este modelo de intervención en niños, conoce nuestro Máster Infanto-juvenil en ACT

*La entrevista se ha editado respetando la estructura inicial y manteniendo gran parte de su contenido original.

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