RFT, procesos
y algunas redundancias

Por Dr. Adrián Barbero Rubio

Coord. Académico de MICPSY; Profesor Doctor Universidad de Comillas 

1 nov 2018

Ahora que damos comienzo a nuestros programas de máster y especialista, que empezamos a recorrer el camino desde las bases que sostienen el edificio de la Terapia Contextual, quizás sea un buen momento para mencionar la RFT (Teoría del Marco Relacional).

Es en estos días cuando asistimos atentos al advenimiento (por convencimiento popular) de lo que podemos llamar “una mirada a los procesos”. Y esto de hablar de los procesos es algo que me recuerda justamente a lo que los mismos procesos son. Me explico. No debe sorprendernos que nos encontremos cada vez más citas a los procesos y que la cantidad de definiciones de los mismos sea directamente proporcional a la cantidad de personas que lo citan. Y digo que no debe ser sorpresivo, porque entender qué son los procesos supone entender por qué esto ocurre. Supone advertir cómo la interacción que nuestro organismo tiene con el mundo privado y público da forma a estos últimos y, cómo un conjunto de fonemas o grafemas coordinan con tantos referentes como historias de vida hay.

Hace justamente 12 años sentí esto de los procesos en mis propias carnes. En el ánimo de conocer desde dentro cómo se articula el comportamiento humano encontré agua en medio del desierto (y nunca mejor dicho si hablamos de Almería). Empecé a beber agua siendo participante de uno de estos estudios que estudian, mira qué casualidad, los procesos. Dejemos como anecdótico el objeto de estudio, el razonamiento analógico, porque a lo que quiero volcar la atención es a lo que allí se estaba haciendo (por cierto, ya llevaban años en la cantera). Estaban analizando la interacción, esto es, acerca de cómo uno empieza a relacionarse con aquello que consideramos indiferente hasta que lo hacemos diferente, hasta que tiene significado. Y, francamente, parece que ser partícipe de los acontecimientos que se suceden después de firmar el consentimiento informado te hacen estar en una muy buena posición para entender lo que ahí se cuece. Es en ese espacio tiempo cuando uno se presenta sin tapujos a los procesos y empieza una relación intensa (no sé si romántica). Y, es ahora, cuando celebramos el aniversario de esta relación con nuestros alumnos con un sólo propósito:  entender el porqué de esa mirada a los procesos desde los mismos procesos (permitidme por razones conductuales está redundancia).

Y decía que era un buen momento para mencionar la RFT por su condición para ser la alfombra que pisamos cuando hablamos de procesos. Nos ofrece unos términos (ya sabéis, un cumulo de grafemas y fonemas) cuyos referentes (los procesos) permiten ser vistos y tocados como nunca antes en preparaciones que llamamos científicas (por esto de poder explicarlos para que podamos predecirlos y controlarlos). Es, por tanto, una alfombra de esas rojas que entra en las puertas de todo aquel sitio donde haya un ser humano y en la cual pisas aunque no quieras, inclusive aquellos que se animan a hablar de los procesos.

Y sin ánimo de alargar estás palabras, mis más sinceras disculpas si demasiadas metáforas llenaron el discurso. Aunque si las alfombras, las relaciones intensas, la cantera y los desiertos facilitaron la comprensión, pues bienvenidas sean y, algún loco se animará (algunos ya lo estamos haciendo) a ver, valga la ocasión (esta vez, por suerte, no la redundancia), los procesos para que esto ocurra.



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