Diana García Zubillaga, del IGTC (Instituto Guerrense de Terapia Conductual), ha realizado una entrevista a Bárbara Gil-Luciano, de MICPSY, con motivo de su invitación a las jornadas de conferencias y workshops “Una Aproximación a las Terapias Contextuales” en el 7º Aniversario del IGTC que se celebrará los días 24 y 25 de febrero de 2018 en Acapulco, México. En la entrevista habla, entre otras cuestiones, de su trayectoria, de las claves para adquirir habilidad clínica y de cómo formarse como terapeuta contextual.

De antemano nuestro agradecimiento por acceder a esta entrevista. Es inevitable preguntarte, ¿qué te representa ser hija de una figura tan representativa, dentro de las Terapias Contextuales, como lo es la Dra. Carmen Luciano? Ante todo, que tengo un enfoque contextual, funcional, de la conducta humana casi desde que tuve “uso de razón”. No fue intencionado. Fui una niña interesada primero en la lectura y la música, luego en la biología y por último en la psicología. Sin embargo, el caldo de cultivo en el que fui creciendo estuvo hecho de una visión funcional de las cosas que se fue impregnando poco a poco en mi piel. Esa es mi historia de cultivo, y es una gran historia que continúa. En mi familia siempre ha existido la curiosidad y el afán por ir a la raíz de las cosas, por el avance. La psicología era casi una excusa para poder indagar en lo que está a la base de otras ciencias, esa sospecha de lo que hay en común, de sus leyes: historia, filosofía, política, biología, física, etc. Y la mía era, y es, una familia en la que había excelencia investigadora, creatividad y un enorme instinto de superación. Mi madre, mi padre y mi hermana mayor servían como ejemplos de esto, cada uno en su línea, y fui desarrollando mi propio estilo e intereses a partir de lo que bebía de ahí. Sucedió que mi interés profesional, en un momento dado, empezó a coincidir con el que mi madre desarrollaba. En este sentido, ser su hija ha implicado llevar aprendiendo de ella todo esto desde hace muchísimo tiempo. Así que, inevitablemente, la visión funcional y contextual de todo lo que nos rodea trasciende mi labor profesional: cabría decir que “lo llevo en la sangre”, es una de mis tres grandes pasiones y, finalmente ¿qué es uno sino sus pasiones? Lo que me representa haber nacido en la familia que nací es que no sólo me transfirieron la vida, sino su pasión. Ahora, Madrid Institute of Contextual Psychology (MICPSY) es el sitio por excelencia en el que vuelco toda esa pasión. Todo el equipo de MICPSY, junto a ella, tenemos el firme objetivo de continuar expandiendo el modelo contextual y entrenando a profesionales con el método que mi madre ha ido refinando durante décadas, y que no dejamos de actualizar: el método de entrenamiento clínico MICPSY, a día de hoy considerado como el mejor en Terapias Contextuales de España/Europa, la referencia como formación integral.

¿Cómo fue tu trayectoria formativa de Psicóloga Clínica a Máster en Terapias Contextuales? Lo cierto es que no fue en absoluto planeada. Al principio tenía como objetivo dedicarme a la Criminología. Sin embargo, antes de acabar Psicología obtuve una beca Erasmus para hacer el último año en una universidad holandesa, y allí conocí a gente que estudiaba Inteligencia Artificial y cosas similares. Pude mantener allí interesantísimos debates sobre las conexiones entre la psicología y las demás ciencias, y sobre cómo el lenguaje imperaba en estos conocimientos. Pero, ¿qué entendíamos por lenguaje? Fue allí donde decidí sumergirme en la RFT y en su aportación clínica, ACT y resto de terapias contextuales. Comencé a hablar con mi madre mucho más a fondo sobre estos temas. Y al indagar, descubrí que ahí estaba reunido todo lo que siempre había estado buscando. Mi entrenamiento clínico sólo fue ir un paso más allá del entrenamiento teórico. La cuestión era entender bien el modelo y situar sus pilares. La habilidad clínica o el manejo de las herramientas del terapeuta contextual es “salir a bailar” con los principios del modelo y la conducta del cliente. Siempre he equiparado esta habilidad con el jazz o la improvisación teatral. Si se conocen los elementos, el idioma que hay debajo, se domina la habilidad clínica. De lo contrario, es un mero imitar y repetir ejercicios o protocolos cerrados que no hacen al clínico un terapeuta flexible, sino dependiente de éste o aquél ejercicio o protocolo más allá del cual no sabe manejarse con soltura. Ojalá esto fuera suficiente en la intervención clínica, pero no lo es. La realidad es que la conducta humana es sinónimo de variabilidad, y se necesita conocer muy bien los elementos del baile para poder ser fluído, creativo y preciso en la habilidad clínica. No sólo tuve la oportunidad de aprender con mi madre, también con otros como Kelly Wilson, Steven Hayes, Bob Kohlenberg, Strosahl, etc. El Máster en Terapias Contextuales, el Máster en Análisis Funcional en Contextos Clínicos y el Doctorado fueron otros pasos en esta línea. Igualmente, haber trabajado durante años con diferentes problemáticas psicológicas (ansiedad, dolor, psicopatología grave y crónica, etcétera) y en distintos entornos (hospitales y en práctica privada) desde ACT y FAP también me fue enriqueciendo, me obligó a ser clínicamente creativa. Por otro lado, el contacto continuo con profesionales de otros países permite conexiones muy ricas. En ese sentido, por ejemplo, ahora estoy colaborando con Lisa Coyne en procedimientos clínicos para adolescentes residentes en el McLean Hospital, de Harvard Medical School (Boston, EEUU). También formo parte del grupo de investigación de la Universidad de Almería, y del de la Fundación Konrad-Lorenz, y colaboraciones, proyectos y amistades con otros colegas profesionales y académicos como Francisco Ruiz, Jennifer y Matthieu Villate, Niklas Törneke, etcétera; las conferencias anuales de la ACBS… todas estas son cosas que, personal y profesionalmente, moldean. El conocimiento avanza muy rápido y si parte de tu trabajo es ser partícipe de esos avances, mejor aún. Es mi aspiración poder continuar teniendo un pie en tres sitios: la clínica, la docencia y la investigación. No se me ocurre mejor combinación. Es muy divertido y apasionante.

 En México, la formación de los psicólogos continúa siendo altamente dirigida a modelos psicoanalíticos y humanistas, desde tu experiencia, ¿qué opinas de ello? Tengo cierta simpatía por los modelos psicoanalistas y humanistas. Van a la historia del individuo, consideran su papel en el análisis del problema, y ese es un gran punto de partida. Disponen las condiciones para que la persona contacte con lo más profundo que su historia le supone, y eso hace que la persona aprenda a ser consciente de la experiencia interna que tiene y, probablemente, de lo que hace. No obstante, si sólo se le enseña a ser consciente de la experiencia interna y se para ahí puede ser contraproducente, puede no darse una dirección práctica. Hay que continuar por ver cuál es la función de las reacciones que se tiene en presencia de esa experiencia interna y en qué le supone eso un problema. Los profesionales que trabajan con los modelos psicoanalíticos suelen hacer muy buena acogida del modelo contextual, de hecho, y les resulta más sencillo hacer un traslado a este modelo que a profesionales que trabajan con el modelo cognitivo, por ejemplo. Su forma de entender las cosas son un gran punto de partida. Van a la base de lo que es más doloroso para la persona. De todos los modelos terapéuticos se pueden captar elementos que funcionan.

¿Cuál sería para ti la pauta para que un futuro psicólogo o recién egresado se forme en Terapias Contextuales? Ante todo, que se dé permiso para ser abierto y curioso. Cuando se aprende algo nuevo, hay que permitir que entren en escena cosas que quizá al inicio no cuadran o chirrían. Afortunadamente, cada vez sabemos cómo enseñar las Terapias Contextuales y la RFT clínica de forma más didáctica y eficaz, pero aún así el modelo contextual supone un giro que a muchas personas les resulta, en ocasiones, difícil de acoger. ¿Por qué? La cultura en la que vivimos, especialmente la sociedad occidental, envía mensajes que van en otra dirección. Predominan reglas de actuación en las que el malestar está en completa oposición con la vida. Si hay una cosa, no puede haber la otra; eso es lo que aprendemos. Y la cultura es nuestra historia, en el sentido de que nuestras creencias, las reglas de cómo son las cosas (y la forma automática en la que seguimos esas reglas) vienen de ahí. También de nuestra familia, de nuestros conocidos o de la institución de la que venimos, por supuesto; todo ello está encajado en la cultura. La tecnología ha permitido avances espectaculares en muchos campos, a un ritmo espectacular, pero tratar de aplicar un modus operandi que busca la solución inmediata y radical a nuestras sensaciones, pensamientos y emociones desagradables a toda costa no termina siendo una estrategia útil a la larga. La solución frente al malestar psicológico pasa por otra estrategia.

Lo siguiente que le diría es que se forme bien, en la línea de todo lo que ya he comentado más arriba. Que no busque aprender el modelo contextual de forma superficial, que no se conforme con aprender una retahíla de metáforas y ejercicios para aplicar con este o aquél perfil de paciente o leer un par de libros sobre la temática. Que no se conforme con una formación pobre o mediocre. Lo ideal es que sea una formación integral, que vaya de las bases a las técnicas, que sea sistemática y que contenga una supervisión precisa de las habilidades clínicas adquiridas. Sabemos que lo más importante, cuando entrenamos a terapeutas, es enseñarles a ser fluídos, porque se traduce en que comienzan a ser muy creativos en su trabajo clínico en apenas cuestión de meses; dejan de depender de los libros y de éste o aquél ejercicio, y saben lo que están haciendo y cómo adaptarlo a la diversidad de problemas que encuentren en su práctica profesional. Eso sólo se consigue aprendiendo firmemente las bases y principios del modelo y moldeando las habilidades clínicas in situ.

 Te veía entrevistando a grandes exponentes como Steven Hayes o Niklas Törneke y preguntarles qué logran vislumbrar a futuro desde las Terapias Contextuales, ahora siendo joven, ¿qué futuro visualizas tú desde tu experiencia profesional actual? Tengo esperanza en que las consecuencias que conlleva el modelo estrictamente biomédico en el terreno de la salud mental convenzan definitivamente de lo inviable de proceder así –ya se alzan voces económicas, políticas y sociales ante ese modelo, pero lo harán de forma mucho más contundente. Los productos de ese modelo no son sostenibles, económica y socialmente, en salud pública. Resultan contraproducentes. Equivalen a colocar una tirita en una herida que cada vez sangra más, y en la cual hay que ver qué es lo que está pasando y dónde hay que tocar para que para el sangrado termine. Podemos pasar la vida colocando tiritas, una tras otra. O amputar el miembro en el que está esa herida. Podemos hacer un sinfín de cosas, perder tiempo, dinero y energía haciéndolas, y sin embargo no estar haciendo lo que soluciona el problema de verdad. El modelo contextual ofrece una vía alternativa. A día de hoy está muy desarrollado en el campo clínico, hay mucha evidencia en su aplicación a organizaciones (empresas, educativas, político-sociales, etc). En mi opinión, el mantenimiento y progreso del modelo depende, por un lado, de que se realice buena investigación y, por otro, de que el entrenamiento en el modelo sea de calidad (integral, preciso y responsable). Confío firmemente en su expansión. En la línea que lo que comentaba Steve Hayes, y que muchos otros pensamos, ojalá se consiga tener un modelo único unido a los procesos de cambio clínico. Es un camino que está ya abierto con los avances de la RFT en los procesos clínicos y es un camino tremendamente apasionante.

¿Qué opinas de las actividades que realiza el Instituto Guerrerense de Terapia Conductual en México? Estáis haciendo una gran labor de expansión y promoción del avance en la psicología. Inspiráis firmes valores en el quehacer clínico y en el entrenamiento a los profesionales. La comunidad de profesionales de salud mental del Estado de Guerrero tiene una gran suerte de teneros disponibles. Tenéis una marca personal hacia el avance de nuestra ciencia. Se necesitan centros así en otras partes del mundo.

¿Qué aprenderemos de ti durante tu participación en el 7mo Aniversario del IGTC? En los últimos años estamos investigando sobre cómo esclarecer las estrategias fundamentales de la terapia contextual (de ACT) y cómo intervenir de manera cada vez más potente y directa en clínica. En concreto, lo que mostraré en el taller-workshop será uno de estos avances: qué es la rumia o preocupación limitante desde el modelo contextual, su papel fundamental en la inflexibilidad psicológica al inicio de la mayoría de trastornos psicológicos, y cómo puede abordarse desde ACT de manera directa. Esto, desde hace unos años, vemos que hace que las intervenciones clínicas sean más potentes y rápidas –independientemente de cuál sea el trastorno psicológico. Por lo clave que resulta esta etapa, me centraré en cómo este tipo de intervención en la adolescencia previene problemas crónicos en la adultez. Hablaré también de la flexibilidad psicológica y de cómo es un concepto que es sinónimo de inclusión desde la teoría del marco relacional. Será un placer estar allí en febrero con vosotros.


El Instituto Guerrerense de Terapia Conductual (IGTC) de Acapulco, México tiene una gran reputación y distinción por su constante empeño en la actualización del área de estudio de la Psicología a la hora de ofrecer atención psicológica y formación a profesionales en el Estado de Guerrero. Celebran su 7º Aniversario con una jornada de conferencias y talleres centradas en las Terapias Contextuales los próximos 24 y 25 de febrero de 2018. Bárbara Gil-Luciano ofrecerá una conferencia titulada “Flexibilidad psicológica y condición humana: inclusión vs. oposición” y el taller-workshop “Rumia y preocupación limitante desde el modelo contextual: intervención breve de ACT y prevención en la adolescencia”.